Libertad para este hombre del que no se escucha su nombre

sábado, 22 de agosto de 2009



Este articulo fue publicado originariamente en mi antiguo blog, borrado por error que estoy tratando de reconstituir a base de las paginas guardadas por la cache de mi socio el google


Francisco Herodes Díaz Hechemendía


Entre esos barrotes recuerdo a un joven santiaguero: Francisco Herodes Díaz Hechemendía, condenado de manera arbitraria a 20 años de encierro, marcado como hacían los nazis con los judíos con el símbolo de CR- contrarrevolucionario- (práctica copiada de los comunistas de Lenin, con lo cual el Castro del caribe no ha sido auténtico ni original, ni para reprimir a los opositores).
Eduardo Vidal Franco

Expreso político cubano


España 17 de junio del 2009



RECUERDOS Y REFLEXIONES


Veinte años son dos décadas; décadas de muchos días; días de muchas horas que, en esa relatividad humana del tiempo para los que están en lar cárceles Castristas las horas parecen extenderse más de 60 minutos. Allí se nos limita sueño, las esperanzas y hasta la vida misma. Los presos políticos justifican el execrable trabajo de la Policía Política Cubana (Seguridad del Estado) que de manera bastante habitual utiliza a cobardes y asesinos para tratar de intimidarlos.

En una de esas cárceles, en Santiago de Cuba, conocí de primera mano la nueva esclavitud del crimen castrismo: un centenar de hombres hacinados en un espacio reducido, con un agujero en el suelo donde depositar nuestros desechos, entre cucarachas, ratones y fetidez de todo tipo; y el peor olor de todos, el más singular, el que emanan los seres humanos encarcelado por delito político: el olor del estrés y catecolaminas, tan similar al que expele la cebolla.

Entre esos barrotes recuerdo a un joven santiaguero: Francisco Herodes Díaz Hechemendía, condenado de manera arbitraria a 20 años de encierro, marcado como hacían los nazis con los judíos con el símbolo de CR- contrarrevolucionario- (práctica copiada de los comunistas de Lenin, con lo cual el Castro del caribe no ha sido auténtico ni original, ni para reprimir a los opositores) Vivir con la marca de contrarrevolucionario tenía como objetivo alejar a todo aquel que quisiera comunicarse de alguna manera con la persona, pues se consideraba que hablar con un preso CR era peligroso; sin embargo, Hechemendia y su ejemplar testimonio todavía existe. Pachi, un anciano invidente producto de una golpiza, predicaba entre los reclusos los valores humanos. Un Benítez joven, invalido por el odio de sus captores gritando en medio de una huelga de hambre al ministro del crimen en aquel momento (Colome Ibarra): ¡Comunistas cobardes, déjenos morir con dignidad!

Han pasado cerca de 17 años nuevos desde que tuve estas vivencias, y otras que siguen en mi memoria. Ya Pachi no esta entre nosotros, pero Hechemendia sigue encarcelado en la terrible cárcel de Boniato, en Santiago de Cuba.

Hace poco tuve el honor por medio del grupo de los plantados y de su director Ángel De Fana de volver a escuchar su voz directamente desde la prisión, recordamos que han pasado veinte años y él sigue entre rejas. Después el Psicólogo Ramón Colas me ofrecía un espacio de su programa para que hablara de Hechemendia.

Hoy María Elena Morejón con toda justicia lo recuerda en www.movimientopopularcubano.blogspot.com

Y estos pequeños gestos como gotas de lluvia, forman el aguacero que no pueden acallar nuestros carceleros; esta lluvia permite un brote de esperanza en cada minuto de sufrimiento de nuestros Hechemendías, porque son muchos y tantos que pocos quieren escuchar sus nombres o historias.

Son nuestros compatriotas, son parte de ese pueblo que nos identifica como cubanos, y son torturados por una camarilla de asesinos encabezada por los Castro. A día de hoy sus cachorros se preparan para seguir la continuación de la dictadura, y mientras algunos de nosotros, escondidos tras la máscara de la mentira y el fingir, callamos o miramos hacia otro lado. ¿Alguien nos tiene que recordar que los primeros que debemos reclamar nuestros derechos y nuestra libertad somos nosotros mismos? Es imposible ser libre si no se opta por esa condición, es imposible ser decente si olvidamos a los Hechemendía.

Soñamos con nuestra libertad; pero hay que luchar por ella y conseguirla entre todos. Nada es imposible si lo decidimos, si nos comprometemos y si abrimos nuestros oídos al dolor de nuestras victimas.

Apoyé y apoyo toda acción de desobediencia civil ante los tiranos de La Habana. Para ellos mi desprecio, para mis muertos una flor y para mis compañeros en prisión un abrazo de esperanza porque como dijera “aquel”…… nuestro día ya, viene llegando.

Eduardo Vidal Franco

Expreso político cubano

España 17 de junio del 2009

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